Psicoanálisis y maltrato animal, analizando las causas.

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“El maltrato animal se define como un comportamiento socialmente inaceptable que intencionalmente causa dolor innecesario, sufrimiento, angustia y/o muerte de una animal, directa o indirectamente, categorizado según la naturaleza de los actos. Son directos cuando existe una falta intencional como la tortura, mutilación o el asesinato de un animal e indirectos como la negligencia de cuidados o abandono”.

Laura Fernández, columnista de la revista Derecho y Cambio Social, España.


¿Por qué analizar al maltrato animal desde la teoría psicoanalítica?

Hace algunos años, nuestra labor educativa derivó de una serie de rescates recurrentes ya que por más que ayudábamos a animales, notábamos con gran impotencia que el maltrato y abandono animal seguía en aumento. Fue por esto que decidimos enfocarnos en la causa de estos y otros acontecimientos terribles relacionados con los animales. Aprendimos que una cosa era enmendar el daño hecho y otra conocer, analizar y corregir la causa.

Pues bien, el psicoanálisis es prácticamente lo mismo: mientras que la sicología trabaja con el consciente del individuo, el psicoanálisis intenta encontrar el origen de determinada conducta, es decir, trabajar en las raíces.

A menudo muchos de nosotros nos hacemos la misma pregunta: ¿por qué hacerle tanto daño a un ser indefenso?, ¿cómo puede ser posible tanta maldad?, ¿qué clase de satisfacción puede sentir una persona cuando maltrata a un animal?. Por más increíble que parezca, desde el inconsciente hay una explicación a esta conducta maltratadora y para esto, hemos invitado a la Dra. Eugenia Elena Maya Montoya, sicóloga y psicoanalista egresada de la Universidad de San Buenaventura (Colombia) con más de 30 años de experiencia, quién nos explicará por qué el maltrato animal es el resultado de una cadena que se origina en la formación y educación del individuo.


La pereza, el origen de todo mal.

Lo primero es recordar que la pereza se refiere a un estado físico, pero también a un estado mental y espiritual.

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Lo segundo, es para establecer que al ser un estado de quietud, la pereza impide el desarrollo de talentos que requieren disciplina y esfuerzo. Esta conducta es propia del instinto de muerte que no es otra cosa que la quietud absoluta, llamada Thanatos desde el psicoanálisis, la misma que es la degeneradora de la personalidad, es decir del patrón de los pensamientos, sentimientos, y comportamientos de cada persona y la generadora de la frustración y agresividad.

Como tal, un persona perezosa desarrolla una  frustración permanente y por consiguiente agresividad e ira.


¿De dónde viene la ira?

De la frustración permanente del deseo insatisfecho, ya que el individuo no acepta el no como respuesta, incapaz de aceptar límites.

El no, es el que saca al sujeto de “su mundo” (narcisismo) y le muestra que su deseo no necesariamente se concreta. Se da cuenta que en el mundo real, existe el otro que se lo niega, o lo otro que él no puede crear. La frustración nos educa, nos muestra que la realidad va más allá de su deseo: el juguete que nunca me dieron, esa persona que no me presta atención, el trabajo que no conseguí, el talento que nunca tuve o el paseo que no pude realizar, entre miles de deseos no satisfechos. El que no acepta la frustración, no se entristece, sino que se enfurece y se desahoga con el mas débil, el que está a su merced, porque la ocasión o las circunstancias se lo permiten. Es lo que hace el amo con el esclavo en incapacidad de resistir porque está desprotegido por la ley.

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La oportunidad sin consecuencias.

Al igual que sucede con los niños, las mujeres, la población vulnerable y minorías étnicas, el maltrato animal ocurre porque aquel individuo frustrado ve en ellos la oportunidad de desahogar su ira sin consecuencias.

·         Oportunidad: las circunstancias están dadas por las condiciones indefensas de su víctima por circunstancias individuales o externas. Se trata de una criatura débil (animal, niño, mujer atemorizada o frágil) y desprotegida. Ven la ocasión de desahogar en ellos, gracias a su debilidad y vulnerabilidad, la rabia y el desprecio que sienten por sí mismos porque se sienten débiles, por su cobardía. Estos personajes nunca enfrentan un igual.

·         Sin consecuencias: sencillamente porque a los animales aún no se les conceden los suficientes derechos que los protejan lo suficiente como para castigar la conducta del causante de tal maltrato y dolor. 


Aprender a aceptar los límites.

Los asesinos en serie exhiben ciertas conductas en la infancia donde se destaca el homicidio en animales para practicar, antes de matar a sus víctimas humanas, tal y como lo escribimos hace unos años en  “Los Niños y el Maltrato Animal”, abril 2017.

Maltratar animales desde niños es la consecuencia de una frustración, pues no pueden tomar represalias contra sus agresores o de cualquier motivo que les haya causado ese sentimiento.

Son personas intolerantes a la frustración, porque “su deseo es ley” y todo lo qué quiere, debe hacerse, porque son los amos. Su deseo es suficiente para que se concrete en lo real. Eso es “narcisismo” (propio de los bebés durante sus primeros 8 meses de vida, etapa en la que existe una simbiosis psicológica entre él y su madre como una extensión de sí mismo que mueve a su voluntad), solo existen él y su imagen. Para ellos no existe el otro y lo otro, todo lo que existe, es una proyección de sí mismo, de su deseo.

Son seres que viven sin límites: caprichosos, impulsivos, dominantes, rabiosos, tercos, desconsiderados y tiranos. Todo y todos, están bajo su poder, el mismo que les da, no la fuerza, sino la ocasión.

Se trata de un sujeto débil porque no tiene fuerza de voluntad para auto controlarse e imponerse sus propios límites.

Su realidad es que es su propio esclavo, porque no es capaz de controlarse. Por eso quiere dominar a todos y todo, para sentir control sobre su vida –esclavizada al instinto- a través del otro al que controla, domina y somete. Por eso el odio por el otro o lo otro, en el que se proyectan y descargan su rabia. Genera en el otro (su imagen proyectada), el dolor que el mismo merece. La psicología criminal, plantea la búsqueda permanente del delincuente de ser castigado; por eso deja rastros y casi siempre vuelve al lugar del crimen.

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Después de leer y publicar este artículo, llegamos a la misma conclusión de siempre: una buena educación, es la base para vivir en una sociedad justa, equilibrada y sana.

Muchas gracias.

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